14 de febrero de 2006

Cartas rioplatenses: El español de Argentina



Que en Argentina el idioma es el español, no es noticia nueva, lo saben hasta las piedras, que si hablaran, seguramente también lo harían en la misma lengua. Pero una cosa es la lengua y otro el habla. Por eso aunque nuestro ideal culto sea el mismo y si leemos a Borges o a Sabato (dos de los grandes autores argentinos más conocidos) no distinguimos si son argentinos o de Salamanca, si los oyéramos hablar, entonces sí que lo íbamos a notar en seguida.
Permitidme que explique esto rápidamente. El idioma español no se habla igual en todos los lugares donde se habla, podríamos distinguir varias formas de pronunciarlo. En España ya se notan estas diferentes formas, por eso un señor del norte no habla igual que un señor del sur. En Cádiz no se habla igual que en Granada. Incluso si paseamos por los pueblos de Almería, tampoco habla igual un señor de Níjar que un señor de Berja. Si eso ya se nota en Almería, que, al fin y al cabo, no es muy grande, imaginad cómo se podrá notar esas diferencias entre sitios tan distantes y distintos como España y Argentina.
Por supuesto, lo primero que notamos cuando un argentino abre la boca para hablar es ese acento tan peculiar que los distingue de otros hispanohablantes. Y, lo curioso es que algunas de las características de ese acento provienen de la misma España, pero claro de la España de hace siglos. Por ejemplo, en Argentina se sesea, es decir no se pronuncia el sonido /z/, que es sustituido siempre por /s/, exactamente igual que sucede en muchas zonas españolas, y se dice /seresa/, /asucar/, etc. Otra peculiaridad es que no pronuncian las letras ‘y’ intervocálica (yema o apoyarse) ni la ‘ll’ (gallina, calle…) como en el español hablado en España, sino que casi parece más una ‘ch’ muy, muy suave. Se produce un fenómeno muy peculiar, porque la ‘ch’ de choza tampoco la pronuncian muy fuerte, así que cada vez la pronunciación de estas letras se va acercando más. Hay quien ve también este fenómeno en Andalucía, claro que de forma mucho menos clara y dicen estos lingüistas que se va a extender por todas las regiones hispano hablantes en el futuro. Hay otros rasgos, pero estos dos son los más identificativos, en lo que se refiere a la pronunciación.
Si prestamos un poco de atención a lo que dicen, notaremos otras cosas, por ejemplo, no dicen ‘tú’, sino ‘vos’. Este rasgo morfológico también existía en España en el siglo XV, se llama ‘voseo’ (en esa época, en España el señor usaba ‘tú’ cuando le hablaba al criado o a personas de peor condición social, y usaba el ‘vos’ para dirigirse a gente de su misma situación). Los colonos españoles lo trajeron aquí y, aunque en España se perdió, en estas tierras se quedó ‘vos’ y desapareció el ‘tú’. Además, unido al uso del vos, en Argentina hay que hablar de formas peculiares del verbo, así en lugar de ‘tienes’, se dice ‘tenés’, y en lugar de ‘ven aquí’, un argentino os dirá ‘vení aquí’, es decir han transformado la segunda persona del singular del presente de indicativo y del imperativo presente de los verbos.
Pero, lo que más nos llamará la atención del habla argentina es el léxico. Frente a otros países en los que el nivel culto prevaleció sobre el popular, en Argentina, sucedió al revés y es el nivel popular de la lengua la que ha prevalecido, incluso se impusieron muchos términos de una jerga llamada lunfardo, hablada en su origen por las clases más bajas de la sociedad, con gran influencia del italiano. A esta jerga pertenecen palabras como linyera (= vagabundo), laburar (= trabajar), junar (= mirar con atención una cosa) y muchísimas más. Además, de palabras populares como purrete (= niño, muchacho), pucho (= residuo, sobre todo del tabaco), hacer quilombo (= armar jaleo, organizar alboroto), el tuerca (= aficionado al automovilismo)… Y, por fin, las formas vésrica (de vesre = revés), frecuentes, especialmente en la capital, pero que, ‘gracias’ a los medios de comunicación se han extendido por todo el país. Hablar en vésrico es hablar invirtiendo el orden de las letras en la palabra, generalmente, al revés, por ejemplo el dorima es el marido; la jermu, la mujer; el telo es el hotel; el jotraba el trabajo; el codemi, el medico; garpar es pagar; el tegobito o tegobi, el bigote y muchas, muchas más.
Además de estos términos puramente argentinos, hay otros comunes con otros países hispano hablantes como el durazno (= melocotón), las arvejas (= guisantes), las chauchas (= habichuelas verdes), el pelón (= naftalina)…
Y no podemos olvidar que algunas palabras que usamos con frecuencia en el español proceden de culturas precolombinas argentinas, por ejemplo son quechuas las palabras ‘cancha’, ‘pampa’, ‘cóndor’, ‘caucho’, ‘papa’; del mapuche nos viene el ‘poncho’; y del guaraní, ‘jaguar’ o ‘tapioca’, entre otras.
Ha sido éste un rápido acercamiento al español de Argentina, han quedado muchas cosas sin decir, pero he intentado dar una visión general.

1 comentario:

Ana dijo...

Realmente ilustrativo tu "post".
Sin querer entrar en controversias, creo que esto que cuentas es lo mismo que pasa con el catalán y sus distintas variantes. Creo que el catalán que se habla en Valencia no es el mismo, por supuesto, que el que se habla en Lérida, pero eso no lo convierte en un idioma distinto, del mismo modo que el castellano (prefiero esta nomenclatura a la de "español") que se habla en la Córdoba argentina no el mismo que el que se habla en la Córdoba andaluza, pero siguen siendo el mismo idioma (aunque a veces cueste creerlo :-)
Por eso no entiendo las discusiones en las que se ensarzan a menudo los políticos valencianos a costa de este tema del idioma.